En Cast: Algunos fines de semana, no tiene uno las ideas muy claras y no sabemos donde ir. Entonces, vamos a un pueblo y cogemos un camino o un sendero y caminamos sin rumbo, a ver que descubrimos. Unas veces la experiencia termina mal: acabamos entre matorrales, en prados sin salida o ¡colgados de una peña!. Pero otras, el resultado no puede ser mejor: tras la tensión de ir a ciegas, aparecemos en lugares de indisimulada belleza y, entonces, la descarga de adrenalina es doble. Como ejemplo, Joce La Güelga, majada que no sabíamos que existía y a la que llegamos tras seguir unas marcas: las vistas, con el destacado Urriellu, impagables. Después, en casa, con el mapa delante (¡que hermosos son los mapas!) ya pones nombre a las cosas y te prometes volver, ya más tranquilos, porque conoceremos el terreno que pisaremos.
martes, 19 de enero de 2010
Al debalu: Joce La Güelga
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